Braian Angola: la vida más allá de los Llanos

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Braian Angola hizo historia el domingo pasado al conseguir, con el equipo Ironi Nes Ziona de Israel, la Copa europea de la FIBA por primera vez en la historia del baloncesto colombiano. Esta es la historia del jugador nacido en Casanare.

Angola durante la celebración del título el pasado domingo.
Angola durante la celebración del título el pasado domingo.

A los 14 años, Braian Angola tuvo que tomar la decisión más difícil de su vida: o se iba a Villavicencio y dejaba a su familia para estudiar y jugar baloncesto, persiguiendo la aspiración de ser profesional, o se quedaba en Villanueva, su pueblo natal, y corría el riesgo de ser reclutado por los paramilitares.

Era el año 2008 y en Casanare las autodefensas enlistaban niños de los hogares que tenían dos hijos varones. Sus papás decidieron, por miedo, enviarlo a la capital del Meta para evitar el riesgo de que su hijo terminara en un grupo armado.

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A partir de ese momento la vida de Braian Angola cambió. El baloncesto, que en principio no le gustaba porque creía que era un deporte de niñas, se volvió su principal aspiración y llegar a la NBA se convirtió en la gran obsesión de su vida.

Tampoco ocurrió de la noche a la mañana. El baloncesto estuvo con Braian Angola desde antes de nacer. Sus papás, Hugo Angola y Ofelia Rodas, lo jugaron toda su vida y participaban en torneos que se hacían por Casanare.

De hecho, su madre, que jugaba de poste y era una excelente lanzadora de triples, cuenta que ella se llevaba a Angola, siendo un bebé de brazos, a sus torneos en Yopal, Aguazul y Trinidad. “Braian era como la mascota del equipo, iba para todos lados con nosotros y siempre le gustó el deporte”.

En el colegio a Braian Angola lo apodaban Coldeportes, porque practicaba natación, atletismo, fútbol y microfútbol. “Lo único que nunca aprendí fue a patinar. De resto, hacía de todo”.

Hincha del América de Cali, Angola soñó desde muy niño con ser futbolista, jugaba bien, pero su papá lo convenció de intentar probar con el baloncesto. Un proceso muy duro, pues recuerda que lo trataba con dureza y a los gritos. Cuando recién comenzaba a driblar la pelota, con 10 años y después de cada entrenamiento, Angola iba llorando a donde su mamá a decirle que no quería seguir con el baloncesto porque su papá lo maltrataba.

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A Hugo Angola no le gustaba que su hijo se quejara y se escondiera en las faldas de su madre. Según Ofelia, en las discusiones con su esposo, él le decía que dejara de “mariquear” al niño, “que Braian era un hombre y no debía tratarlo como una nena”. Con el pasar de los años, el padre, más consciente, modificó su tono y sus maneras. Le decía a su hijo que le exigía porque le veía condiciones y quería que fuera una estrella.

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Braian Angola era el mejor jugador del pueblo. Por eso, un día que Hugo Sánchez, exjugador de la selección de Colombia y amigo de la familia, fue a Villanueva y lo vio, les dijo a sus padres que el muchacho se estaba desperdiciando ahí y que era necesario llevárselo a Villavicencio para que tuviera más oportunidades.

Para su mamá no fue fácil dejarlo ir. No había día en que no llorara y, del estrés y la angustia de pensar que su hijo estaba solo, le dio una arritmia en el corazón cuando se le inflamó el pericardio.

Con el tiempo no hubo más remedio que acostumbrarse. Angola brilló en todas las categorías de las selecciones departamentales y nacionales en las que jugó, y nunca volvió a vivir en Villanueva. En solo cinco años se probó en Estados Unidos, una época que le trae el recuerdo más triste de toda su vida: la muerte de su padre por un paro cardíaco.

Cuando sucedió decidió dejar el baloncesto. En ese momento sintió que debía hacerse cargo de su familia. “Me decía que se iba a venir a Villanueva, a trabajar en las plantaciones de palma africana, y que no me preocupara de nada porque él se iba a hacer cargo de la casa”.

El último recuerdo que tiene de su padre fue antes de irse a Estados Unidos, cuando Hugo Angola, por primera vez en la vida, se le acercó, lo abrazó y le dio un beso. Le dijo que lo quería y que estaba orgulloso de él. Fue por coincidencia que, en medio del dolor, entró a Facebook y vio en su muro una foto acompañada de un mensaje escrito por su papá que no había visto hasta ese día: “En el aeropuerto El Dorado, despidiendo a la próxima estrella de la NBA: Braian Angola. Que Dios lo proteja y lo cuide de todo mal”.

Alentado por esas palabras, que nunca le escuchó a su papá, el casanareño se fue a Estados Unidos. Y, aunque estuvo cerca de ser seleccionado en el Draft y jugó en la G-League con los Orlando Magic, las lesiones, una de tobillo y otra de tabique, no le permitieron llegar a la liga de baloncesto más grande del mundo. Sin embargo, no es algo que lo atormente, está seguro de que tendrá otra oportunidad. Es joven, tiene 27 años y está haciendo carrera en Europa, otra forma de llegar a su objetivo.

Su madre también tiene confianza, siempre ha creído en él. Para Ofelia Rodas, Angola, más que un gran jugador de baloncesto, sigue siendo su niño. A pesar de los años, de los triunfos, de que jugó en Bélgica, en Serbia y de que ahora es el primer colombiano campeón de la Copa Europea de la FIBA, para ella “Braian nunca salió de Casanare”.

Dice que cuando Braian Angola vuelve a Villanueva parece como si nunca se hubiese ido; juega fútbol todos los días con los niños del pueblo y se sienta a tomar Pony Malta con pan en la tienda de la esquina después de los partidos; sin camisa, como cuando tenía nueve años y corría por las calles del municipio llanero antes de dejar aquella tierra buscando ser el primer colombiano en la NBA.

@FernandoCGarzon

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