Dos corresponsales australianos huyen de China ante el hostigamiento de las autoridades

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Uno de ellos recibió la visita de siete policías y tuvo que refugiarse en la Embajada durante cuatro días. Son víctima de las malas relaciones bilaterales

ZIGOR ALDAMAShanghái

En China, los periodistas se han convertido en la última víctima colateral de las malas relaciones que el país mantiene con algunos países. No en vano, en la primera mitad de este año, el régimen chino ha expulsado a 17 corresponsales acreditados en su territorio, un récord histórico. El conflicto más obvio es el que tiene abierto con Estados Unidos. Los corresponsales americanos han visto denegadas sus solicitudes para renovar la tarjeta de prensa, que ha sido sustituida por una carta temporal que les permite continuar realizando su trabajo pero que puede ser revocada en cualquier momento. Pekín ha tomado esa decisión después de que Washington decidiese etiquetar a los periodistas chinos en Estados Unidos como agentes gubernamentales, ya que trabajan para medios estatales controlados por el Partido Comunista.

El último caso, sin embargo, afecta a Australia y coquetea con el surrealismo. Los dos corresponsales del país oceánico, Bill Birtles -de la cadena ABC- y Mike Smith -del Australian Financial Review-, han sido evacuados de China después de haber sufrido el hostigamiento de las Autoridades. Aunque no tienen relación profesional y vivían en ciudades diferentes -Birtles en Pekín y Smith en Shanghái-, la semana pasada ambos fueron advertidos por diplomáticos australianos de que deberían marcharse del país, aunque no señalaron por qué. Sin embargo, luego recibieron la visita inesperada de la Policía para hacerles un interrogatorio sobre ‘un caso de seguridad nacional’.

Siete agentes aparecieron en casa de Birtles cuando este se encontraba con unos amigos, le avanzaron que tenía prohibido abandonar el país, y le emplazaron a un encuentro al día siguiente. El periodista, que en un principio consideró que la advertencia de sus diplomáticos era exagerada, llamó a la Embajada y se trasladó hasta la legación diplomática, donde recibió cobijo durante cuatro días. Smith hizo lo propio en el Consulado de Shanghái.

Durante este tiempo, los dos países negociaron la salida de los corresponsales, que se materializó ayer. Hoy han llegado a Sídney. «Me siento víctima de un enfrentamiento diplomático», ha afirmado Birtles, que se ha mostrado agradecido por estar «en un país con un verdadero Estado de Derecho». Por su parte, Smith ha reconocido que sintió miedo. «Ha sido una experiencia complicada y estoy contento de haber vuelto a casa», ha declarado en el aeropuerto.

Aunque no está claro qué ha provocado este nuevo enfrentamiento entre China y Australia, que llevan meses tensando sus relaciones políticas y económicas, en esta historia destacan dos elementos significativos. Por un lado está la detención de la periodista australiana Cheng Lei, empleada por la cadena estatal china CGTN y acusada de «actividades criminales que han puesto en peligro la seguridad nacional de China». Birtles ha asegurado que gran parte de las preguntas de la Policía eran sobre ella, a la que conocía de forma muy superficial.

Por otro lado, el diario oficialista Global Times ha publicado hoy una exclusiva en la que cuenta cómo agentes australianos registraron los domicilios de corresponsales chinos destinados a ese país. El rotativo incluso denuncia que Australia «ha violado los legítimos derechos y los intereses de los periodistas chinos aduciendo una posible violación de la Ley contra la Interferencia Extranjera». Así que, una vez más, todo apunta a que los dos países están echando mano del ‘ojo por ojo’ para resolver sus disputas.

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