El Espectador le explica el caso de Sara Sofía Galván, la niña desaparecida en Bogotá

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Cinco meses atrás se empezó a tejer, mediáticamente, un caso que tiene como protagonista a una menor de edad de dos años, a su madre, a su tía, a un hombre que tendría una relación con la mamá de la menor y a un equipo de investigación judicial que poco avanza ante el hermetismo de la situación y la exigencia de resultados en un país que se ha venido acostumbrando, también, a la violencia en contra de las niñas y de los niños, lamentablemente.

El lunes pasado, mientras se hablaba de una orden de captura, nos enteramos de un intento de suicido por problemas mentales, salieron a flote nuevamente las que serían las consecuencias de una posible trata de personas y, como ya es costumbre, la especulación empezó a reinar por todas las redes sociales con las opiniones que ha suscitado esta tragedia. Por eso, en este boletín de El Espectador le explica, relataremos la mayor cantidad de detalles para tratar de entender cada uno de los hechos ciertos que se empezaron a conocer en marzo de este año. Como todos los miércoles, recomendamos entrar a cada uno de los links que dejaremos a continuación donde aparece todo lo que se conoce de Sara Sofía Galván. Comencemos.

La historia se hizo pública el 15 de marzo cuando Xiomara Galván, tía de Sara Sofía Galván -la niña de dos años-, reportó la desaparición de la menor. Angustiada, frente a los micrófonos de varios medios de comunicación, empezó a relatar su versión de la historia: “Ella es muy descuidada con la niña, con sus alimentos, se iba y nos la dejaba”, aseguró a Noticias Caracol. Se refería a su hermana, Carolina Galván, y a la relación que tenía con la menor. Por eso la tía tenía la custodia provisional de Sara Sofía, pero su hermana y mamá de la niña le pidió que le dejara llevar a su hija por unos días para compartir con ella. Eso fue en enero de 2021. La tía accedió y desde ese momento no se volvió a saber nada de la niña.

No cuadraban muchas cosas en esas primeras declaraciones, como que por ejemplo si la desaparición había sido en enero, por qué se reportaba hasta marzo; o no quedaba claro por qué siendo hermanas no tuvieran contacto cercano para conocer el paradero de la niña. Pero la realidad era que Xiomara, desde cuando su hermana se llevó a Sara Sofía, la buscaba en la calle repartiendo volantes, incluso el 28 de enero recibió una llamada de una persona que advertía sobre la muerte de la niña, entonces denunció ante la Policía y lograron ubicar a la madre.

“Los uniformados le preguntaron a mi hermana si sabía dónde había tirado el cuerpo de la niña. Ella les dijo que sí y fuimos al sitio. Ella inicialmente señaló el sitio donde supuestamente había dejado el cuerpo. Le preguntaron que si la había puesto en la tierra o en el agua y ella dijo que la colocó en el agua y que incluso había regresado al sitio cinco días después de lanzarla, pero que la niña ya no estaba”, contó Xiomara. Pero el caso cambió de rumbo cuando Carolina Galván dijo al CTI que había entregado a su hija a una mujer que se ofreció a cuidarla, en el barrio Patio Bonito, pero que no sabía ni su nombre ni su dirección. Los cuerpos de rescate, aun así, comenzaron la búsqueda en el río Tunjuelito (entre las localidades de Kennedy y Bosa).

En el mapa de la investigación cobró fuerza el nombre de Nilson Díaz, exnovio de Carolina Galván; se indagó sobre aquello de que a la niña la regalaron, se adelantó la imputación de cargos -entre ellos la desaparición forzada agravada- contra dos personas y no los aceptaron, reportamos su espera de un juico tras las rejas:

Cuatro días pasaron desde el día en que la tía hizo la primera denuncia pública en medios de comunicación y, como nos han enseñado los expertos del aparato judicial en cada caso investigado, la urgencia en la recolección de pruebas y testimonios resultan determinantes a la hora de construir el caso y, por supuesto, conseguir información necesaria para poder dar con el paradero de Sara Sofía. Varias versiones entregadas por los sindicados confundían a los investigadores. Por ejemplo, en este texto contamos los fragmentos de las declaraciones entregadas por una vendedora informal, el administrador del pagadiario donde vivía la mamá de la niña, un peluquero de la zona y lo que dijeron los hijos de Nilson Díaz.

Ante la posibilidad de que la niña hubiese sido “regalada” o “vendida” a una mujer “de carro rojo”, Migración Colombia emitió una alerta para evitar que la menor fuera sacada del país. El documento lo recibieron los 45 puntos de control con la imagen de Sara Sofía, pero nunca lograron resultados.

La búsqueda de la niña se mantenía en las localidades aledañas a Patio Bonito, en Bogotá; terminaban en el río Tunjuelito y comenzaban en el río Bogotá, y como no existían pruebas que eliminaran la alternativa de que estuviera viva, policías encubiertos hacían lo propio en el barrio Restrepo de la localidad de Antonio Nariño y la Plaza de la Mariposa, en la localidad de Santa Fe, centro de la capital de Colombia.

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