Las lecciones que deja el caso de Julieta, la manatí asesinada en Tasajera

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El 14 de julio la mataron en la Ciénaga Grande de Santa Marta. Biólogas explican cómo fue su rehabilitación, por qué fue liberada en estas playas y cómo fue el proceso de educación ambiental con las comunidades.

Paula Casas Mogollón

Redactor Vivir

@PauCasasM

Julieta, un individuo de manatí del Caribe que habitaba cerca a El Rodadero en Santa Marta y fue asesinado en los últimos días.

El miércoles 14 de julio Julieth Prieto se montó en una lancha para llegar hasta Pozos Colorados, en Santa Marta: esa era la última señal que arrojaba el satélite de ubicación de Julieta, una manatí que había sido rescatada, cuidada y rehabilitada por el equipo del que es parte Prieto, en el Centro de Fauna Marina, de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag), el cual opera en el Acuario del Rodadero. Al llegar al lugar, un grupo de pescadores le informó que el animal estaba siendo cazado en Tasajera, en la Ciénaga Grande de Santa Marta.

Sin preguntar otro dato más, sobre las 9:30 de la mañana, Prieto se fue para la ciénaga. “No había llegado la información de que se había metido allí. El satélite pasa seis veces al día y su última ubicación era Pozos Colorados, donde había estado los últimos cuatro días”, recuerda Prieto Rodríguez, coordinadora del grupo de fauna de Corpamag. Mientras Prieto llegaba, Julieta fue perseguida por pescadores desde el Puente de la Barra hasta Pueblo Viejo. La capturaron y la atacaron con palos, machetes, arpones y le amarraron la trompa para asfixiarla.

“No la maten. Está marcada y tiene satélite”, gritaban los pobladores mientras llamaban a Corpamag para que rescataran a Julieta, que ya estaba moribunda, con un ojo sangrando y con heridas de 15 centímetros de profundidad. “Con ayuda de otros pescadores perseguimos a los cazadores que nos amenazaron con machetes. Les explicamos que debía ser atendida, pero insistían en que teníamos que pagar por los daños que causó”, recuerda Prieto. “La querían vender, ya se la estaban repartiendo. Fue traumático”, añade.

Julieta, de 450 kg, fue llevada en una camioneta hasta el muelle norte para ser trasladada en lancha hasta el Acuario del Rodadero, donde murió. Una vez se conoció la noticia, varios expertos en el tema por medio de redes sociales se preguntaron cómo era posible que fuera asesinada a solo cinco días de su liberación, otros dudaron de su proceso de recuperación y de si el área en que la soltaron fue la adecuada. Incluso, cuestionaron el acompañamiento y la vigilancia que tuvo la comunidad en este proceso.

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Dalila Caicedo, bióloga marina y directora ejecutiva de la Fundación Omacha, explica que con Julieta el proceso de rehabilitación fue diferente al que ha adelantado la organización desde 2009 en otras zonas del país, como Córdoba. Julieta fue rescatada el 3 de junio en el Parque del Tayrona y, aunque tenía señales de estrés por el enmallamiento y principios de anemia, los exámenes de sangre, orina y coprológicos mostraron que su condición física era buena. Su tratamiento, que se realizaría en las piscinas del Acuario, estaba establecido para 30 días.

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