Migrantes de otro mundo: cuando la muerte es una opción de libertad

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Múltiples testimonios en todo el continente describieron con espanto su paso por las selvas del Darién, en la frontera entre Colombia y Panamá, donde no existe carretera. No hay quien no cuente que vio un cadáver o unos huesos abandonados. Alianza de Semana, Clip y 18 medios.

Muchos han muerto ahogados por las súbitas crecientes de los ríos selváticos. Los ha picado una rana venenosa, o una serpiente mapaná. Les han dado infartos, golpes de calor. Han subido lomas empinadas y han sufrido del miedo de la oscuridad y los aullidos de los monos. Los han matado asaltantes para robarlos. Una madre no pudo atajar el resbalón de un niño hacia el abismo.

“El Darién es una selva que deberían declarar un camposanto”, dijo el padre Aurelio Moncada que sabe lo que ha pasado allí.

El gobierno de Colombia les permite a los migrantes pasar por el territorio, pero no hace mucho para evitar que salgan por esa frontera tan peligrosa. El gobierno de Panamá los acoge, pero cuando ya han transitado kilómetros de selva. En el medio está la tierra de nadie, hay un orden invisible impuesto por criminales o con autoridades que ha menudo se corrompen. Este video cuenta la historia.

Cada año miles de personas expulsadas de Asia y África atraviesan América Latina buscando el norte como golondrinas desorientadas. A su paso, los Gobiernos dificultan innecesariamente el recorrido ya penoso de estos seres humanos extraordinarios. Investigación colaborativa y transfronteriza de 18 medios aliados. Por María Teresa Ronderos, directora de Clip

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