¿Por qué los niños han resultado tan poco afectados por el COVID-19?

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Hasta el momento, la enfermedad grave, los ingresos en la UCI y las muertes de los niños a causa del COVID-19 han sido menores que en los adultos. Aunque existen varias teorías, todo parece apuntar a que la clave es el sistema inmune de los más pequeños.

La mejor forma de cuidar a los niños y las niñas de la variante Delta, es que los adultos se vacunen.
Natalia Pedraza Bravo

Un año y nueve meses después de que se confirmara el primer caso de COVID-19 en el mundo, los expertos están buscando una explicación certera para una pregunta que aún no tiene una respuesta clara: ¿por qué la enfermedad no ha atacado de la misma manera a niños que a adultos? (Lea: Algunos efectos en la salud mental de los niños y niñas por cierre de colegios)

El 15 de septiembre del 2021, en Colombia se habían confirmado 4’932.998 casos positivos, pero solo el 8 % de estos representaban a menores de 18 años. Un cuadro similar se ha visto en los casos graves de COVID-19 y las defunciones: los ingresos en UCI de niños equivalen al 0,32 % de todos los casos positivos, mientras este porcentaje en los adultos está alrededor del 3 % al 5 %. Por otro lado, los niños fallecidos equivalen al 0,13 % de esos 4’932.998 casos, mientras los adultos representan cerca del 2 %.

Al parecer, el panorama se replica en todos los países. Por ejemplo, datos recopilados por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC por sus siglas en inglés) sugieren que las personas menores de 18 años han representado menos del 2 % de las hospitalizaciones por COVID-19.

Estas cifras dejan muchas dudas, teniendo en cuenta que el comportamiento histórico de los virus es atacar de forma más drástica a los niños. Por ejemplo, según cifras de la Organización Mundial de la Salud, en 2017 murieron cerca de 110.000 personas por sarampión y la mayoría de ellos eran niños. Por otro lado, cifras de esta misma entidad aseguran que esa población representa el 67 % de las muertes causadas por paludismo en 2019. La perspectiva para las enfermedades respiratorias es similar: la influenza, según la OMS, es una enfermedad de riesgo, especialmente para niños y adultos mayores.

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